Durante años, la conversación climática se concentró casi exclusivamente en reducir emisiones. Pero incluso si el mundo entero dejara de emitir gases de efecto invernadero mañana, ya hay un nivel de cambio climático inevitable en camino, y eso es exactamente lo que la resiliencia climática y la adaptación buscan enfrentar.
Qué es la resiliencia climática
La resiliencia climática se logra a través de la reducción de las emisiones que atrapan el calor e impulsan el cambio climático, y esto debe ir de la mano de la adaptación a los cambios que ya son inevitables. En otras palabras, ser resiliente al clima no depende de una sola estrategia, sino de combinar mitigación y adaptación de forma simultánea, no de elegir una sobre la otra.
La diferencia clave entre mitigación y adaptación al cambio climático
| Concepto | Qué busca |
|---|---|
| Mitigación | Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la magnitud del cambio climático futuro |
| Adaptación | Ajustar infraestructuras, sistemas y estilos de vida para reducir vulnerabilidades ante impactos ya inevitables |
La mitigación se refiere a las acciones tomadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo la transición a fuentes de energía renovable, mejorar la eficiencia energética, y proteger y restaurar sumideros de carbono como los bosques. La adaptación, en cambio, se centra en ajustar infraestructuras, sistemas y estilos de vida para reducir vulnerabilidades y responder a impactos como olas de calor más frecuentes, sequías prolongadas o el aumento del nivel del mar.
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- Construir infraestructura resistente a eventos climáticos extremos, desde defensas fluviales hasta edificios diseñados para soportar olas de calor.
- Desarrollar sistemas de alerta temprana que permitan a la población y las autoridades anticiparse a eventos climáticos peligrosos.
- Promover prácticas agrícolas más resistentes al clima, incluyendo cultivos tolerantes a la sequía y sistemas de riego más eficientes.
- Planificar el uso del territorio considerando riesgos climáticos futuros, no solo las condiciones históricas registradas hasta hoy.
Por qué Chile necesita tanto mitigación como adaptación
La NDC actualizada de Chile incluye explícitamente 6 metas de adaptación además de las 14 de mitigación, reconociendo que el país ya enfrenta impactos climáticos irreversibles, como la megasequía que afecta a buena parte de su territorio, que exigen una respuesta de adaptación independiente del éxito que tenga el país reduciendo sus propias emisiones.
El costo de no invertir en resiliencia climática
Estudios económicos sobre adaptación climática coinciden en que invertir en resiliencia de forma anticipada resulta significativamente más barato que reconstruir después de un desastre climático ya ocurrido, un argumento que cada vez más gobiernos y aseguradoras usan para justificar inversión preventiva en infraestructura resiliente, en vez de esperar a que el evento climático extremo ya haya causado el daño.
Ejemplos concretos de adaptación climática ya en marcha en Chile
En Chile, algunos ejemplos concretos de adaptación ya en marcha incluyen la modernización de sistemas de riego agrícola para hacer un uso más eficiente del agua escasa, la actualización de normativas de construcción para resistir eventos climáticos extremos, y planes municipales de gestión de riesgo frente a incendios forestales, cada vez más frecuentes e intensos por el cambio climático.
El sector asegurador también juega un rol creciente en la adaptación climática, ajustando sus modelos de riesgo y sus primas según la exposición real de cada zona geográfica a eventos climáticos extremos, un mecanismo de mercado que indirectamente incentiva a hogares y empresas a invertir en medidas de adaptación para reducir el costo de sus seguros.
Las soluciones basadas en la naturaleza, como restaurar humedales o reforestar cuencas hidrográficas, se consolidan como una forma de adaptación climática más económica y con beneficios adicionales de biodiversidad, frente a soluciones puramente de ingeniería civil que suelen ser más costosas y menos flexibles ante escenarios climáticos cambiantes.
El financiamiento internacional para adaptación climática
Los países en desarrollo, incluido Chile, acceden a fondos climáticos internacionales específicamente destinados a adaptación, como el Fondo Verde para el Clima de Naciones Unidas, aunque organismos internacionales coinciden en que el financiamiento disponible para adaptación sigue siendo muy inferior al que reciben los proyectos de mitigación, una brecha que limita cuánto pueden acelerar su resiliencia climática los países con menor capacidad fiscal propia.
Ciudades chilenas como Santiago ya incorporan planes de adaptación climática urbana, que incluyen desde la ampliación de áreas verdes para reducir islas de calor hasta sistemas de drenaje diseñados para eventos de lluvia más intensos de lo históricamente registrado, reconociendo que la infraestructura urbana construida bajo estándares climáticos antiguos ya no es suficiente.
El sector salud también desarrolla sus propios planes de adaptación, anticipando un aumento de enfermedades asociadas al calor extremo y a la propagación de vectores que antes no sobrevivían en ciertas zonas de Chile debido a temperaturas más frías, un ejemplo de cómo la adaptación climática se extiende mucho más allá de la infraestructura física.
Empresas de seguros chilenas ya ajustan sus modelos actuariales para incorporar proyecciones climáticas de largo plazo, no solo el historial de siniestros pasados, un cambio metodológico que afecta directamente cuánto cuesta asegurar una propiedad en zonas de mayor riesgo climático futuro, como las costas expuestas a marejadas o las zonas de interfaz urbano-forestal expuestas a incendios.
En definitiva, ningún país o empresa puede darse el lujo de elegir solo mitigación o solo adaptación: la resiliencia climática real exige avanzar en ambos frentes al mismo tiempo, reconociendo que ya hay impactos climáticos inevitables mientras se sigue trabajando para evitar que la situación empeore todavía más.
El rol de la planificación urbana en la resiliencia climática
La planificación urbana con criterios climáticos, que considera desde el diseño inicial de un barrio hasta la ubicación de infraestructura crítica, se volvió una herramienta central de adaptación: construir en zonas de menor riesgo de inundación, incendio o marejada resulta muchísimo más barato que reforzar después una infraestructura ya construida en un lugar climáticamente vulnerable.
La cooperación internacional en adaptación climática también avanza mediante el intercambio de buenas prácticas entre países con desafíos similares, permitiendo que Chile aprenda de la experiencia de otros países que ya enfrentaron sequías prolongadas o eventos climáticos extremos comparables a los que el país experimenta hoy.
Empresas de sectores como la construcción y la ingeniería civil ya desarrollan líneas de negocio específicas enfocadas en infraestructura resiliente, anticipando una demanda creciente tanto del sector público como privado por proyectos diseñados considerando escenarios climáticos futuros, no solo las condiciones históricas del pasado.
Al final, la resiliencia climática no es un estado que se alcanza de una vez y para siempre, sino un proceso continuo de ajuste frente a una realidad climática que sigue cambiando, lo que exige revisar y actualizar periódicamente cualquier estrategia de adaptación diseñada con información del pasado.
El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático de Chile, actualizado periódicamente, coordina planes sectoriales específicos para biodiversidad, recursos hídricos, silvoagropecuario, salud, infraestructura, ciudades, pesca y turismo, reconociendo que cada sector enfrenta riesgos climáticos distintos que requieren respuestas de adaptación diseñadas a su medida.
La incorporación de criterios de adaptación climática en la evaluación de impacto ambiental de nuevos proyectos, tanto públicos como privados, se volvió una práctica cada vez más exigida en Chile, obligando a evaluar no solo el impacto del proyecto sobre el ambiente sino también su vulnerabilidad frente a riesgos climáticos futuros.
Esa coordinación entre distintos planes sectoriales es, en definitiva, lo que determina si un país logra convertir la resiliencia climática en una práctica real y no solo en un concepto mencionado en documentos de política pública.
Sin esa coordinación, incluso los planes sectoriales mejor diseñados en el papel corren el riesgo de quedar aislados entre sí, perdiendo buena parte de su efectividad real frente a los riesgos climáticos que buscan enfrentar.
Ese enfoque de mejora continua es, en definitiva, lo que distingue a una estrategia de resiliencia climática realmente efectiva de una meramente formal.
Estas metas de adaptación se enmarcan directamente dentro de los compromisos que Chile asumió bajo el Acuerdo de París, que exige a cada país presentar tanto metas de mitigación como de adaptación climática.
Preguntas frecuentes
¿La adaptación climática reemplaza la necesidad de reducir emisiones?
No, ambas estrategias son complementarias: sin mitigación, los impactos climáticos seguirán empeorando con el tiempo hasta un punto en que ninguna adaptación sea suficiente, mientras que sin adaptación, la sociedad queda expuesta a los impactos que ya son inevitables incluso si se reducen las emisiones futuras.
¿Quién financia los proyectos de adaptación climática en Chile?
El financiamiento combina fondos públicos nacionales, fondos climáticos internacionales y, cada vez más, inversión privada en infraestructura resiliente, aunque la brecha de financiamiento para adaptación sigue siendo mayor que la disponible para proyectos de mitigación en la mayoría de los países en desarrollo.