Cuando un banco o un fondo de inversión dice que financia "proyectos verdes", ¿cómo se define exactamente qué actividad económica califica como verde y cuál no? Esa es la pregunta que la taxonomía verde busca resolver, con un sistema de clasificación cada vez más adoptado por distintos países del mundo, incluido Chile.
Qué es la taxonomía verde
La taxonomía verde europea es un sistema de clasificación que define criterios para determinar qué actividades económicas de una empresa son consideradas "sostenibles" y "verdes" desde un punto de vista ambiental. Más específicamente, es un sistema que define si una actividad está alineada con una trayectoria hacia la neutralidad de carbono hacia 2050 y otros objetivos ambientales más amplios que el clima, como la protección del agua o la biodiversidad.
El origen europeo de la taxonomía verde
La taxonomía verde europea fue adoptada en 2020 mediante el Reglamento 2020/852, estableciendo un marco común a nivel europeo que permite evaluar si una actividad económica contribuye o no al cumplimiento de al menos uno de los 6 objetivos ambientales definidos por la Unión Europea, desde la mitigación del cambio climático hasta la economía circular.
Chile desarrolla su propia taxonomía verde (T-MAS)
| Hito de la taxonomía verde chilena | Detalle |
|---|---|
| Marco de referencia principal | Taxonomía de la Unión Europea |
| Evaluación del sector público | El gobierno evalúa su aplicación junto a un estudio comparativo con la UE |
| Pilotos con bancos | Durante 2026, evaluando incorporación a operaciones financieras |
| Carácter inicial | Voluntario, con hoja de ruta hacia posible aplicación obligatoria |
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Ver formatos publicitariosPara qué sirve realmente tener una taxonomía verde
El objetivo central de cualquier taxonomía verde es guiar las inversiones hacia las actividades económicas más sostenibles, promoviendo el cumplimiento de los objetivos climáticos de cada país o bloque económico, y en particular la carbono neutralidad hacia 2050. Sin un sistema de clasificación común, cada banco o inversionista podría definir "verde" de forma distinta, generando confusión y abriendo la puerta a prácticas de greenwashing financiero.
El plan piloto de Chile con la banca en 2026
Durante 2026, proyectos piloto con bancos evaluarán cómo la taxonomía verde chilena puede incorporarse a las operaciones financieras del país, un ensayo controlado antes de decidir si su uso pasará de ser voluntario a convertirse en un requisito obligatorio. El Ministerio de Hacienda chileno ya delineó una hoja de ruta hacia esa posible aplicación obligatoria, desarrollada en coordinación con los reguladores financieros del país.
Por qué la taxonomía verde importa para el financiamiento climático
- Permite a los inversionistas identificar con claridad qué proyectos califican realmente como verdes antes de destinar capital a ellos.
- Reduce el riesgo de que instrumentos como los bonos verdes financien proyectos que en realidad no cumplen criterios ambientales estrictos.
- Facilita que empresas exportadoras demuestren, con un marco reconocido internacionalmente, que sus actividades cumplen estándares ambientales exigidos por mercados externos.
- Sienta las bases para que reguladores financieros exijan, en el futuro, que ciertos productos financieros solo se etiqueten como "verdes" si cumplen la taxonomía oficial.
Los seis objetivos ambientales que evalúa la taxonomía europea
Los seis objetivos ambientales que define la taxonomía europea incluyen la mitigación del cambio climático, la adaptación al cambio climático, el uso sostenible del agua, la transición a una economía circular, la prevención de la contaminación, y la protección de la biodiversidad y los ecosistemas, un marco mucho más amplio que solo evaluar emisiones de carbono.
Para que una actividad económica califique como "verde" bajo esta taxonomía, no basta con contribuir positivamente a uno de estos objetivos: también debe demostrar que no causa un daño significativo a ninguno de los otros cinco, un criterio conocido como "do no significant harm" que busca evitar que se etiquete como sostenible una actividad que resuelve un problema ambiental mientras agrava otro.
Bancos chilenos que ya participan de los pilotos de taxonomía verde reportan que el mayor desafío técnico es contar con datos suficientemente detallados de sus clientes empresariales para evaluar con precisión si una actividad específica cumple o no los criterios de la taxonomía, más que un problema de diseño del marco normativo en sí mismo.
Qué actividades económicas suelen calificar como verdes en estas taxonomías
Entre las actividades que típicamente califican como verdes bajo estos marcos de taxonomía se cuentan la generación de energía renovable, el transporte de bajas emisiones, la eficiencia energética en edificios, y ciertos procesos industriales de menor huella de carbono, aunque el nivel de detalle técnico exigido para verificar el cumplimiento de cada criterio específico es considerablemente mayor al de una simple declaración general de sostenibilidad.
Empresas chilenas exportadoras hacia mercados europeos ya deben familiarizarse con la taxonomía de la Unión Europea, incluso sin que Chile la adopte formalmente, dado que sus clientes y socios comerciales europeos cada vez exigen más información alineada con ese marco para sus propias obligaciones de reporte de cadena de suministro sostenible.
El desarrollo de una taxonomía verde propia también busca facilitar que Chile emita instrumentos financieros, como bonos verdes soberanos, con mayor credibilidad internacional, dado que contar con un marco de clasificación reconocido reduce el riesgo de que inversionistas cuestionen si los proyectos financiados realmente cumplen criterios ambientales serios.
Otros países de Latinoamérica, como Colombia y México, avanzan en paralelo con sus propias taxonomías verdes nacionales, generando un mapa regional de marcos de clasificación que eventualmente podría converger hacia mayor armonización, facilitando el flujo de inversión sostenible entre distintos mercados de la región.
En síntesis, contar con una taxonomía verde propia, alineada con estándares internacionales pero adaptada a la realidad chilena, será clave para que el país siga atrayendo capital destinado específicamente a proyectos verdaderamente sostenibles, evitando que el criterio de qué es "verde" quede librado a la interpretación de cada inversionista por separado.
Las críticas que enfrenta el modelo de taxonomía verde
Algunos críticos de las taxonomías verdes, incluida la europea, cuestionan que ciertas actividades controvertidas, como cierto tipo de generación nuclear o de gas natural, hayan sido incluidas parcialmente como "de transición" bajo presión de la industria, una discusión que Chile deberá enfrentar también al definir qué actividades específicas calificarán bajo su propia taxonomía nacional.
La coordinación entre el Ministerio de Hacienda, el Banco Central y los reguladores financieros chilenos durante el diseño de la taxonomía busca asegurar que el marco final sea técnicamente robusto y, al mismo tiempo, viable de implementar para el sistema financiero local, sin imponer una carga administrativa desproporcionada frente al beneficio esperado.
El sector privado financiero chileno, a través de gremios como la Asociación de Bancos, participa activamente en las mesas de trabajo que diseñan la taxonomía verde nacional, buscando que el marco final sea compatible con los sistemas de evaluación crediticia que los bancos ya usan internamente para sus decisiones de financiamiento.
El resultado final de este proceso definirá, en buena medida, qué tan fácil o difícil será para las empresas chilenas acceder a financiamiento verde competitivo durante la próxima década, un incentivo que ya está moldeando las decisiones de inversión de varias compañías del país.
El calendario de trabajo hacia una eventual aplicación obligatoria de la taxonomía verde chilena contempla etapas graduales, empezando por sectores financieros ya familiarizados con reportes de sostenibilidad, antes de extender la exigencia hacia el resto de la economía, una secuencia que busca minimizar la disrupción del proceso de adopción.
Organismos internacionales como la OCDE ya destacaron el trabajo de Chile en el desarrollo de su taxonomía verde como un caso de buenas prácticas dentro de Latinoamérica, un reconocimiento que refuerza la posición del país como referente regional en finanzas sostenibles.
Ese reconocimiento internacional refuerza la relevancia de seguir avanzando con rigor técnico en el diseño final del marco chileno.
Ese avance gradual, más que una implementación apresurada, es lo que le dará legitimidad técnica al marco final.
Uno de los instrumentos financieros que más se beneficiaría de una taxonomía verde consolidada son los bonos verdes, que ganarían credibilidad adicional al financiar solo proyectos que cumplan criterios de sostenibilidad claramente definidos.
El crecimiento de los fondos de inversión ESG en Chile depende, en parte, de que exista un marco de clasificación confiable como el que busca ofrecer esta taxonomía.
Preguntas frecuentes
¿La taxonomía verde chilena ya es obligatoria para las empresas?
No, su uso es voluntario por ahora, mientras se desarrollan los pilotos con la banca durante 2026; el Ministerio de Hacienda ya trazó una hoja de ruta hacia una eventual aplicación obligatoria en el futuro, pero todavía no hay una fecha definida para ese cambio.
¿Por qué Chile tomó la taxonomía europea como referencia principal?
La taxonomía de la Unión Europea es, hasta ahora, el marco de clasificación verde más desarrollado y probado a nivel mundial, lo que la convierte en un punto de partida lógico para países que recién empiezan a construir su propio sistema, adaptándolo a las particularidades de su economía local.