El litio-ion se convirtió en el estándar dominante de las baterías modernas, tanto en autos eléctricos como en sistemas de almacenamiento de energía. Pero para proyectos de almacenamiento a gran escala, una tecnología alternativa, la batería de flujo de vanadio, empieza a ganar terreno específicamente en los casos donde el litio-ion tiene sus mayores limitaciones: seguridad y vida útil.
Qué es una batería de flujo de vanadio
A diferencia de una batería de litio-ion convencional, donde la energía se almacena dentro de celdas sólidas, una batería de flujo de vanadio almacena la energía en electrolitos líquidos contenidos en tanques externos, y genera electricidad haciendo circular esos líquidos a través de una celda electroquímica. Esa separación física entre el componente que almacena energía (los tanques de electrolito) y el componente que genera potencia (la celda) es la clave de sus principales ventajas frente al litio-ion.
Las ventajas de las baterías de flujo de vanadio frente al litio-ion
| Característica | Batería de flujo de vanadio |
|---|---|
| Vida útil | Superior a 20 años |
| Riesgo de incendio | Inmune al sobrecalentamiento, sin riesgo de incendio |
| Escalabilidad | Desacople entre potencia y energía, ampliable de forma modular |
| Aplicación ideal | Almacenamiento masivo en zonas urbanas o infraestructura crítica |
Las baterías de flujo de vanadio aportan una mayor vida útil y seguridad frente a las tradicionales baterías de litio, con una vida útil superior a 20 años y un desacoplamiento entre potencia y energía que facilita ampliar la capacidad de forma modular, simplemente agregando más electrolito a los tanques existentes en vez de reemplazar el sistema completo. Además, son inmunes al sobrecalentamiento y no presentan riesgo de incendio, lo que las hace especialmente aptas para instalaciones de almacenamiento masivo en áreas de alto riesgo, como centros urbanos densamente poblados o infraestructura crítica.
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Ver formatos publicitariosChina ya combina ambas tecnologías en proyectos híbridos
China puso en marcha una instalación de almacenamiento de energía de 300 MW y 1.200 MWh en Mongolia Interior que integra tecnologías de baterías de flujo de vanadio e ion de litio en un mismo proyecto híbrido. La instalación combina baterías de fosfato de hierro y litio con baterías de flujo de vanadio, buscando aprovechar la respuesta rápida del litio-ion junto con el almacenamiento de mayor duración que ofrece el vanadio, en vez de elegir una sola tecnología para todo el proyecto.
El vanadio como respuesta a la regulación urbana sobre litio-ion
En medio del endurecimiento de las regulaciones sobre el despliegue de tecnologías de almacenamiento basadas en iones de litio en zonas densamente pobladas, motivado por el riesgo de incendio de esas instalaciones, se espera que proyectos con baterías de flujo de vanadio allanen el camino para instalaciones de almacenamiento de energía más seguras dentro de entornos urbanos, donde el litio-ion enfrenta cada vez más restricciones de instalación por su perfil de riesgo.
Por qué el litio-ion sigue dominando pese a estas ventajas del vanadio
- El costo inicial de una instalación de flujo de vanadio suele ser más alto que el de una instalación equivalente de litio-ion, especialmente en proyectos de menor escala.
- La densidad energética del vanadio es menor que la del litio-ion, lo que exige más espacio físico para almacenar la misma cantidad de energía.
- El litio-ion tiene una cadena de suministro y fabricación mucho más madura y escalada industrialmente, con costos que siguen bajando año tras año por efecto de escala.
- El vanadio conviene especialmente en proyectos de almacenamiento de larga duración y alta seguridad, mientras que el litio-ion sigue siendo más eficiente para aplicaciones que priorizan densidad energética y menor espacio.
Qué tipo de proyecto conviene elegir según la tecnología
La elección entre flujo de vanadio y litio-ion no es una competencia de una tecnología ganadora sobre la otra, sino una decisión de ingeniería según el caso de uso específico: proyectos que priorizan la seguridad en zonas densamente pobladas, la vida útil de varias décadas y la posibilidad de escalar capacidad de forma modular tienden a favorecer al vanadio, mientras que proyectos que priorizan densidad energética, menor espacio físico disponible y menor costo inicial de inversión siguen inclinándose por el litio-ion, que además cuenta con una cadena de suministro mucho más desarrollada a nivel mundial.
El costo del vanadio como materia prima, un factor a monitorear
A diferencia del litio, cuyo precio internacional fluctuó fuertemente en los últimos años por la demanda de la industria automotriz, el vanadio tiene un mercado más pequeño y menos volátil, aunque también más concentrado en pocos países productores. A medida que la demanda de baterías de flujo de vanadio crezca en paralelo al desarrollo de más proyectos de almacenamiento de larga duración, el precio de esta materia prima podría empezar a experimentar presiones similares a las que ya vivió el litio durante el boom de los autos eléctricos, un factor que los desarrolladores de proyectos deben monitorear al planificar instalaciones a largo plazo.
Una ventaja adicional de las baterías de flujo de vanadio, poco mencionada frente a sus atributos de seguridad y vida útil, es que el electrolito líquido puede recuperarse casi en su totalidad al final de la vida útil de la instalación, a diferencia de una batería de litio-ion, donde el proceso de reciclaje de los materiales activos es considerablemente más complejo. Esa capacidad de recuperación casi completa del electrolito reduce el impacto ambiental de desmantelar un proyecto de flujo de vanadio al final de su ciclo de vida operativo, un argumento adicional a favor de esta tecnología en proyectos pensados para operar durante varias décadas.
Hacia dónde va la inversión mundial en baterías de flujo de vanadio
China lidera claramente el desarrollo comercial de baterías de flujo de vanadio a gran escala, con proyectos híbridos como el de Mongolia Interior sirviendo de vitrina tecnológica para el resto del mundo. Fuera de China, la adopción todavía avanza a un ritmo más lento, limitada principalmente por el mayor costo de inversión inicial frente al litio-ion, aunque distintos países europeos y asiáticos ya evalúan proyectos piloto propios, atraídos justamente por la seguridad y la vida útil que ofrece esta tecnología para instalaciones de almacenamiento crítico dentro de zonas urbanas densamente pobladas.
Para Chile, un país que ya invirtió fuertemente en litio-ion para sus proyectos BESS del norte, la llegada de tecnologías alternativas como el flujo de vanadio representa una opción a evaluar principalmente para proyectos futuros con requerimientos específicos de seguridad urbana o de mayor duración, más que un reemplazo inmediato de la infraestructura de litio-ion ya instalada y en pleno funcionamiento en regiones como Atacama y Antofagasta.
Las universidades chilenas con programas de ingeniería en energía ya incluyen el estudio de tecnologías alternativas al litio-ion, incluyendo el flujo de vanadio, dentro de sus planes de formación, anticipando que los futuros ingenieros del sector energético nacional necesitarán conocimiento técnico sobre un abanico más amplio de tecnologías de almacenamiento del que dominaba la industria hace apenas una década.
El tiempo de instalación de un proyecto de flujo de vanadio suele ser más largo que uno equivalente de litio-ion, dado que requiere construir e interconectar los tanques de electrolito además de la celda electroquímica, una diferencia de cronograma que los desarrolladores de proyectos deben considerar al planificar plazos de entrega frente a clientes o reguladores que exigen fechas específicas de puesta en marcha.
La normativa chilena de seguridad para instalaciones de almacenamiento energético todavía no distingue formalmente entre distintas tecnologías de batería en todos sus aspectos, algo que la industria espera que evolucione a medida que proyectos con tecnologías alternativas al litio-ion, como el vanadio, empiecen a evaluarse también en el país.
El aprendizaje acumulado por China en proyectos híbridos de litio-ion y flujo de vanadio ofrece un modelo replicable para otros países que buscan combinar lo mejor de ambas tecnologías, en vez de tener que elegir exclusivamente una sobre la otra para todo un sistema eléctrico nacional.
Este tema se conecta directamente con otras notas del sitio: Ranking mundial de fabricantes de baterías de litio: CATL, BYD, LG y Panasonic, Qué es el peak shaving y cómo las baterías BESS ahorran dinero a las empresas y Baterías second-life: la segunda vida de las baterías de autos eléctricos.
Preguntas frecuentes
¿Las baterías de flujo de vanadio ya se usan en Chile?
La gran mayoría de los proyectos de almacenamiento a gran escala en Chile hoy usan tecnología de litio-ion, mientras que las baterías de flujo de vanadio todavía son una tecnología emergente a nivel mundial, con los proyectos más avanzados concentrados principalmente en China.
¿Por qué las baterías de vanadio no se incendian como las de litio-ion?
Su diseño con electrolitos líquidos en tanques externos, en vez de celdas sólidas comprimidas, evita el fenómeno de fuga térmica descontrolada (thermal runaway) que puede ocurrir en una batería de litio-ion dañada o defectuosa, eliminando en la práctica el riesgo de incendio asociado a esa tecnología.